minarrativa

domingo, 11 de marzo de 2012

Veo veo...


- Todos necesitamos aliados.
“Hallar alias", me corrige. Y como me sonrío sin retrucarle se cree que el furor sandriano se me pasó y que fue un furor.
- Ahora que andás con Don Villegas bajo el brazo podremos dialogar por lo menos.
Me animo y le cuento que me confundí y creí que Roger Waters era el conejo de ficción de los dibujitos animados.
- No sé, asocié espectáculo con cine y multitud. No me mirés así…
No me mirés ni así ni de ninguna manera. No me mirés más, me dan ganas de decirle justo cuando me pregunta si ya fui al oculista. No, no fui todavía porque no es que no vea, después me muero de dolor de cabeza y a veces me mareo pero leo bien.
Yo, que me acuerdo de todo… estaré construyendo los recuerdos visuales distorsionadamente?
De chica sabía cuando estaba enamorada de alguien si no podía construir mentalmente su imagen por más que me esforzara. Cerraba los ojos y me acordaba de las caras de toda la gente que quisiera pero nunca de la de quién amaba. Si podía, y su cara aparecía entre todo el resto era porque se me había pasado el amor.
Y ahora? ¿Me estaré quedando ciega para agotar recursos, y en absoluta oscuridad, obligarme a reconocer cual es la cara que no veo? O manotear cualquiera con la excusa de que no vi? No, que vi mal. Porque ver, veo.