- Todos necesitamos aliados.
“Hallar alias", me corrige. Y como
me sonrío sin retrucarle se cree que el furor sandriano se me pasó y que fue un
furor.
- Ahora que andás con Don
Villegas bajo el brazo podremos dialogar por lo menos.
Me animo y le cuento que me
confundí y creí que Roger Waters era el conejo de ficción de los dibujitos animados.
- No sé, asocié espectáculo
con cine y multitud. No me mirés así…
No me mirés ni así ni de ninguna
manera. No me mirés más, me dan ganas de decirle justo cuando me pregunta si ya
fui al oculista. No, no fui todavía porque no es que no vea, después me muero
de dolor de cabeza y a veces me mareo pero leo bien.
Yo, que me acuerdo de todo… estaré
construyendo los recuerdos visuales distorsionadamente?
De chica sabía cuando estaba
enamorada de alguien si no podía construir mentalmente su imagen por más que me
esforzara. Cerraba los ojos y me acordaba de las caras de toda la gente que
quisiera pero nunca de la de quién amaba. Si podía, y su cara aparecía entre
todo el resto era porque se me había pasado el amor.
Y ahora? ¿Me estaré quedando
ciega para agotar recursos, y en absoluta oscuridad, obligarme a reconocer cual
es la cara que no veo? O manotear cualquiera con la excusa de que no vi? No, que
vi mal. Porque ver, veo.