minarrativa

sábado, 17 de mayo de 2014

Los complejos de Eva

 
Tentarse de algo, algo rico, en plena madrugada, lloviendo a cántaros ir a la farmacia de turno de Mitre y Pellegrini, la de Pellegrini y Laprida, farmacias que más que farmacias, son jugueterías. Tentarse de algo, dulce, de madrugada. Tener la tentación en la punta de la lengua sin que te salga la palabra. Tentación.
La plaza, la tentación de correr el riesgo de volver a cruzar: la plaza, la tentación, el riesgo. Recorrerla, jugar que es un bosque, un paraíso, el edén. Y uno una heroína, ahora distinta, más evolucionada, del estilo de los Lamborghini. En vez de envenenarse con una manzana, comer un sapo, un príncipe, llevarse a la boca cualquier porquería que no alimenta. Una heroína sin complejos. En esta parte paro, sonrío, porque la estación de servicio de enfrente me hizo acordar de un viaje a Chapalmalal que me tentaba de risa cada vez que algún turista hablaba de ir a conocer los complejos de Eva, y yo claro, la asociación inevitable, contestaba pavadas típicas que se me ocurrían, y Gabriela puesta hecha una furia peor, más risa. Y ella, más rabia. Y yo con los ojos llorosos de tanto reír, agarrándome de la panza, de la tentación, no podía ni hablar, preguntarle si no entendía el chiste o no le daba risa.
Lo único gracioso de todo el verano.
Los ojos llorosos, mojados, ardidos de sol, de mar, de sal. Mirar, con ojos llorados, por una parte de mí que no es toda yo, pero ver, siempre, el perfil rasgado. Verme los ojos, los rasgos, el perfil, la letra, la intratabilidad de ese algo que siempre soy. Ser ese algo, siempre, y a veces ser eso solo.
Como decía, la mirada humedecida, sin hablar, haciéndome entender, como los tontos, los mudos, como algunas mascotas que lo único que les falta es hablar, dicen sus dueños. Y yo que de mi perra fue lo que más valoré.
Sólo cuando estamos enfermantemente solos confundimos a las farmacias de turno con jugueterías, creemos que las estaciones de servicio son putas capaces de saciarnos hasta la tentación de risa.
Hay que hacer como Evita y curarse los complejos construyendo una gran torre de cemento donde hospedarlos, que los habiten otros, que los adopten los turistas a los complejos. Erigir una admirable edificación cultural, uterina, donde alojarlos. Dejarlos pupilos todo el año y no ir de visita ni en vacaciones. Más vergonzosos que la descendencia idiota de la realeza en la historia porque los nuestros son nuestros, argentinos, ignorantes, peor que los hijos naturales, porque son artificios, superficiales. Impresiones nuestras, proyecciones del otro.
Jodí y jodí con el cuerpo por ese anhelo de quién sabe que, ¿no? Como quién dice un decir, digo. En una palabra: deshojarnos, o desflorarnos. Mudar de piel y volver a habitar nuestro propio cuerpo como si siempre fuese una casa nueva a estrenar.