minarrativa

sábado, 13 de abril de 2013


 LA NECESIDAD COMO OBJETO

Escribir poesía así
no estaría ni bien ni mal
pero escribir poesía bien, está mal.
No me sale, no me gusta
no me gusta porque no me sale
me aburre más que la segunda partida de chinchón si pierdo.
Todo poquitito sin repetir y sin soplar que es un canto
abajo
a propósito
abajo
que no se note que no se diga y de nuevo
abajo.
Mejor escribirlo así
bien mal
con un sinfín de que
si total Carver dice que dijo y dijo, dice
entonces yo, qué.
Pensar en eso
al mismo tiempo que apilo una corrección encima de la otra
como si fueran pliegues:
un cuadrado de papel que por más grande que sea no se puede doblar más de siete veces.
¿No? Prueben.
Estos pensamientos
se gestan  me nacen
como la necesidad inmediata de concluir algo
dar
por finalizado lo que me antecede.
Pero es como el cuento de la buena pipa
como los orgasmos femeninos.
Ideas malditas
que me despiertan de madrugada
de golpe de la nada
se me salen de la nuca como piojos y me quedan en la frente
como mosquitos reventados
la mano con sangre
con asco
con los dedos con olor a sangre
con el zumbido de otro más que ya casi me pica
pero no no,  no es eso.
Es el sueño repetido de que leo
frente a una multitud (bueno… un público)
y entonces
yo estoy leyendo un texto propio conocido mío
pero
en el segundo o tercer renglón aparecen palabras en un idioma que no sé pronunciar.
Me levanto y escribo
porque al escribirlos los pensamientos
se plasman
en un acto creativo retórico digno. Más que nada
digno.
Así pesa menos el acarreo diario de ser. De parecerse a uno mismo.
Andar con la ambivalencia
de un objeto
que pase desapercibido como necesidad y no se asocie
por la forma parecida
a una teta o de un cigarrillo.
Yo
que tiendo a imaginar todo siempre creo que eso es todo
pero ahora
pienso en esto solo.
Pienso en esto, sólo así.
¿Y qué?
           
                                            


viernes, 28 de diciembre de 2012

La cruza imposible



Tengo un mundo bajo las uñas y es la huella identificatoria con que me rastreo después de cada suicidio. Los últimos cadáveres se han ido asesinando solos con disimulo, conmigo, con sonrisas de galletitas y hambre de acuerdo. Pero la costumbre de hablar bajito, de tener vergüenza, de tratar que no se note la costumbre ni la timidez ni la arrogancia me sobreviven en cada nueva parición. Nunca nazco espontánea, fresca, a tiempo. Desfallezco y reanimo para poder saborearme oronda como si fuera producto de lo que ni mi invención logra, me saboreo porque no me trago. Porque tengo una verborragia tan poco concurrida que tiene menos originalidad que Benedetti.
Por eso, convierto en hueco las palmas y las cuelgo de cada oreja organizadas en un silencio entornado como claraboyas, doblado, cauto, intencional. Sociabilizo. Aunque parezca o me sienta como un perro oliendo el culo de los otros perros siempre más finos, de mejor raza. Puro pedigree. Yo soy cruza, soy la cruza imposible de mi papá y mi mamá que les salió media media. Las tres hijas salimos medias medias, la del medio por demás y la más grande ni salió. Medias zoquetes porque nos quedamos medias cortas. Ser del todo o ser del montón.
Me aproximo, gradúo el tono, la tendencia primavera-verano y miro el mundo y la naturaleza de los hombres desde una vidriera, por denominarlo de una manera escénica que haga juego con los tres colores de las sandalias que estreno. Aparezco como en una foto, momentánea. Sin permanencia, de propaganda. Por esa manía que tengo de hacerme, de copiarles. Para parecer espontánea o fresca o para parecer. Como esas mujeres que hablan, que tienen razón, que besan las palabras mientras las van diciendo, que tienen la cara como un corazón y el cuerpo como una espiga. La nariz bien finita, amigas mujeres parecidas a ellas, valijas con rueditas, equipaje suficiente, algún familiar corrupto o una ideología política. Mujeres a las que difícilmente se les logre atrapar en un gesto porque tienen ademanes movedizos y saltarines, como manos. Mujeres que no hacen solitarios ni juegan con las cartas, manos que ganarían muchas manos, una partida entera del chancho. Manos hechas, sin improvisación. Mujeres ricas, sin apetito. De gusto.
Mujeres con sombrero no, porque a ésas sí las quiero. Una mujer con sombrero es de verdad aunque sea hermosa. Como Paula, como su capelina.
Yo digo las otras, las que se visten de negro con lentes oscuros y entierran sus muertos en cementerios que parecen jardines y tienen un amante que es cómplice de algo muy sucio pero hay tanta plata puesta encima que el único que se anima a investigar es pobre pero capaz, y lo logra.
Nosotras, digo nosotras por costumbre pero los que cavaron el pozo fueron ellos, mi cuñado y mi sobrino. Cuando Vilma llamó mami le dijo que veníamos de darle sepultura a la perrita. Justo el día de mi cumpleaños.
Silvia tuvo dos hijos, Laura y yo, una perra cada una.
Cada vez que salgo, que salgo a tomar algo o que salgo con alguien siento que me interrumpo, me resulta indefiniblemente necesario hacerlo porque no puedo llevarme entera y alterno, como comodines, mis mejores partes o las más convenientes. Ése es el punto de auto suspensión absoluta que siempre coincide con que un pedazo de alguien se sienta al lado de mi nadie, acompañándome.
Si me siguiera los pasos, yo igual iría tras mi sombra. El viento balbucea enredado en la boca, la saliva de los dedos, un pestañeo y el libro que esté leyendo, abierto, dado vuelta sobre la almohada como una mujer desconsolada que llora sin consuelo. El pelo dentro del espejo enmarcando las declaratorias, me creo que soy un cuadro muy costoso que por casualidad, por suerte se podría conseguir en una feria americana de calle Mitre.
Me descalzo y me cuelgo. Las perchas vacías, los foquitos de la luz, el almanaque, vacías las toallas, los abrazos, hasta los broches de la ropa. Vaciada de cuerpo, sin piel, me duermo y sueño que juego a que hago el amor con alguien y que ese alguien es hombre y que yo soy más chica y más audaz como cuando era más chica. Como cuando era chica. Después, el martes se lo cuento a mi psicóloga y hago mucho, mucho hincapié en lo jugar porque me da vergüenza que crea que soñé que me masturbaba. Y porque no era que me masturbaba. Lo soñé. Era un juego y era con un hombre.

   

sábado, 27 de octubre de 2012

CON M DE MARISOL

          


Bastón se escribe con be de Borges, de biblioteca y bostezo, de burla, de breve porque Gastar Milenios en la misma soledad es de escritor feliz o alzéhimico, de noVelero y no de noBel. Buenos aires balcón boulevard botamanga betún. Be larga de burgués estirado, de alto boludo que baja el tono con un bemol bordado en la bragueta y buscando el beso, brinda el borrador. Por eso… un Canto a la Estela de sabiduría heredada. Heredada o propia.
Propia como Proust, con pe de reprimido. Pobre PROUST. Permanecer Recuperando Olvidos Ubica Sólo Temporalmente. Mi querido Marcel monologa, menudea, mide, menciona y motiva. Advierte y ama la misma Albertina que los dos llevamos dentro, se identifica y la invierte, aprisiona y guarda a la sombra de las muchas o algunas. Muchachas en flor. Porque mentir viene de Muestra, Estar, No Tardes, Irse Rápido. Viene de verdad la mentira. De a montón. De mucho. De morir.  Albertina ensombrecida y desflorada abatida a caballo desbocada prófuga perpetua mi heroína predilecta.
Mientras Pienso en la casualidad concordante de iniciales, los mismos motivos y la propia participación. Otro pretencioso con pe de redimido, de pueblo polvoriento, pasos sin paseo por la plaza, eterno diálogo interior. Perdón Mami por manifestar la coincidencia de tu compatriota como Mi Pasión y maldición eterna a quien lea estas páginas. Porque Villegas viene de lejos, de largo y tendido, de vejez, vacío, vaso de vidrio roto, de valientes, de varón, de vicio ¡de basta!    
No como Anais Nin que Algunos Nombran confundiéndola con el perfume francés. ¿Si digo diario? ¡Miller! No, íntimo. Por eso… ¿el de Marilyn? Histriónico, hambriento, húmedo de semen y alcohol, hoy y siempre Henry, hasta el hartazgo, y juicio sin castigo para June.
Hay que taJear la Corteza del pan francés porque lastima el paladar, o masticarlo mucho. El mejor acto de magia para la Maga sería desaparecer. Tributo total a la Talita.
Capaz que de Chejov sea el clima tan frío lo que Conmueve, lo que Contagia a Confundirnos, a Creer Como error lo Contrario. Como Cualquier Cosa Contada Con Comicidad. Como el Cochero, Como el Caniche, Como el Corcho.
Otro. Del otro lado o en la misma orilla. Ovillos desmadejados por Frieda, orquídeas para una tumba sin nombre. Octubre once ochava oficina ofrecimiento ofensa ocupación oficio olor ocre ojal oporto oportunidad orgía organización órgano orquesta organito orgasmo otro oporto orinal ombligo ocho. Ochenta. Ocaso. Oscuro como El pozo. Omitido, obsceno, objetado, obstante. Original… Imitado e inigualable como Idea. Onírico, ojeroso, oblicuo. Onetti ominoso, ocurrente Onetti. Obra y ocio de Onetti.
Mis escritores más amados y odiados a modo de ofrenda. Y una reverencia a Kafka…


domingo, 5 de agosto de 2012

Los amigos invisibles existen y están en facebook

Yo soy de las que cuando le dicen “siga derecho y al final del pasillo doble a la izquierda” sigue derecho y al final del pasillo disimula un monigote en el aire escrito con la diestra para tener conciencia de cuál es la zurda. Si me indispongo un martes, por ejemplo, me resulta indispensable contar mentalmente los cinco días alertando al dedo gordo hasta concluir en el meñique como síntoma de sábado. Que los períodos menstruales caben en un puño es tan cierto como indiscutible que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una sola mano. Pero los contactos de facebook… ¿Cómo se cuentan?
Teniendo en cuenta mi falta de dominio numérico recurro a la lógica matemática de un profesional.
- Cincuenta son cincuenta- me asegura - sean familiares, vecinos, eternos compañeros de colegio o circunstanciales apegos de cama. Cada uno suma la misma cantidad de amigos. Irrefutable.
Pero le señalo la pantalla. Cuarenta y nueve. Uno por uno. Afilados en líneas de tres, alineados en fila por orden alfabético. De menor a mayor, por estatura, circunstancia o cariño son cuarenta y nueve cuadraditos y cuarenta y nueve nombres. ¿Cincuenta amigos?
El profesional asiente y con la misma pera que usó para ayudarme a contar apunta el espacio vacío entre dos contactos. Tu Amigo Invisible.
La verdad se revela sin desvelo…  Los TAI existen y están en facebook.  
Recientemente quedó comprobado que existen quienes no han podido o querido retornar a la vida diaria enceguecidos por la luminosa comodidad de la pantalla. Detrás de cada monitor se cuecen habas y en algunos se siguen consumiendo hasta el hervor. Prefiriendo navegar por las turbias aguas windonenses anclaron su presencia en un espejismo fraudulento que les juró compañía eterna a cambio de la diaria muerte en vida. Sin lograr traspasar la fantasía deambulan en el típico sonambulismo de los insomnes y desperdiciando la eficacia del cuerpo identificatorio que les fue asignado escogen la invisibilidad. ¿Imbecilidad?
El refugio del anonimato.
Levante la mano quién no recuerde con nostalgia aquellas épocas de la primaria donde volver del recreo significaba encontrar sobre el banco la cartita del amigo invisible. Salir del salón, histriónicamente, para ir a la clase de educación física sabiendo que el imbécil acechaba nuestra marcha aprovechando para chusmear en los cuadernos íntimos y dejarnos un regalo como pista, una pizca de credibilidad chiquitita como él.
Los años podrán hacernos olvidar hasta su recuerdo pero guai del que, sin desear ni preveerlo, entró en el (corazón) de un verdadero TAI. Porque tenga la edad que tenga, si es invisible de alma, hasta podrá parecer amigable y acecharnos sin límite de tiempo ni lugar.
La noticia, en la cara del profesional en informática, no derrama chocolate ni posteos de la mía cuando me aconseja “seguirle el juego a Gómez y darle la razón como a los locos”.
A la siesta me duermo y sueño con la figuración abstracta de una sombra agazapada detrás de un árbol frente a casa, me despiertan las ganas de hacer pis y veo las gotitas de sangre con que la menstruación me manchó la bombacha. Cruzo a comprar toallitas y saludo a Gómez de pasada sin mirarlo para que no se sienta intimidado. 
No es vecino pero echó raíces como un tronco. Apostado espiándome.


domingo, 3 de junio de 2012

pariDAD



El maullido del teléfono rasguña el sueño, araña los oídos, ruge como fiera hasta abrirle los ojos. Levanta el tubo y la escucha saltear el saludo, merodear en la disculpa, trastabillar con el miedo hasta dar con el motivo:
-         Murió la gata
La frialdad con que se acomodan las sombras dentro del cuarto tiene silencio de domingo. Mira por el ventanal retomando el último pensamiento con que se durmió anoche viendo el contorno de la luna nueva después de haber estado llena. La consistencia del vacío solidifica al objeto.
-         Yo sé que nosotros terminamos pero ella era como nuestra…
Abre un paréntesis que cobije al despojo y su propio perfil se deja abarcar por toda la apariencia de lo que no es.
Me visto y voy querría que diga, pero cuelga. La voz cerrada como un puño, la pérdida convertida en una pelotita de pelusa y mugre juega con los dedos dentro del bolsillo.
Calcula la distancia proporcional al tiempo transcurrido, la lejanía entre vuestra antigua casa y su actual dominio mientras camina las cuadras que ningún colectivo lo acerca ni pasa, manzanas enteras de tentación, veredas desayunadas sin baldear, regladas como partituras.
-         ¿Música?
-         La letra sola, por favor.
Avenidas carteles vidrieras, en la parte invisible de lo que se mira reside el anhelo. El trayecto que recorre la necesidad buscando un objeto donde constituirse, adquirir forma y sentido pronunciable.
Nunca quiso tu deseo abultando su vientre aunque te disfrutaba tenso contra sus curvas. Te lo dijo abriendo la boca para guardar tu ansiedad inicial pero seguiste cruzando, como ahora, la ciudad a lomo de mula con tal de acabar cabalgando en su desnudez y poblar su útero… Un hijo, no.
 
Fines de agosto
Me lo cuenta siempre igual pero todas las veces hace como si fuera a hacer una primera confesión. Debe ser que a él mismo no deja de asombrarle tal misterio. ¿? No quiero ser mala ni herirlo y  por eso lo escribo acá, para no hablarlo con nadie.
Espera que me sienta halagada cuando me dice que a pesar de mis continuos desplantes me elige, justo yo que no lo consiento ni retengo cerca, que sin ser masoquista se enamoró de mí y no de las otras novias que tuvo, chicas que vivían pendientes  de él.
¿Cómo es posible que no se dé cuenta? En la familia, su adopción es un secreto a voces. Ellos son de los que se gritan la verdad en mitad de una pelea y después conviven en el mutismo.
Yo no soy su gran amor, soy la primer mujer que no se parece a la que lo adoptó, constituyo a la madre abandónica… por eso su necesidad de seducirme, para que no lo vuelva a dejar. Intento maneras adecuadas que lo lleven a construir este pensamiento para que descubra que su amor no es hacia mí sino el deseo de revertir la decisión que tomó su madre biológica al abandonarlo.
  
Creer es menos trágico que saber.
Que siente te preguntaba la psicóloga y no pudiste contestarle nada, ni llorar, ni irte antes. Recién en la parada del colectivo apareció la idea de un idiota en pañales que no era como las imágenes tiernas de los posters.
La memoria venda la herida, no el acto. Ningún recuerdo se olvida pero todos se alteran, para eso existe la continuidad inmediata del principio después de finalizar. Porque de no ser breve, la vida parecería una aburrida prolongación.

No importa pasar de largo todo el tramo de tu amor propio con tal de recorrer, sin apuro, su necesidad de vos. Con tal de que te espere tardarías nueve meses más porque la seguís pretendiendo ansiosa, pendiente, cebada.
Unos metros antes, Diaz Grey te inyecta la dosis de morfina que tu cuerpo resiste y una cuadra después estará su casa, el negocio en común con un cartel que resume su personalidad: Cerrado por duelo.
Abre la puerta y con la voz, más enronquecida por la tristeza, te murmura la parición de los tres felinos. Mirando la cría, pensarás en la gata sufriendo su muerte como si acabara de ocurrir, porque empezás a olvidar los motivos que te trajeron hasta su cuarto, vuestra cama y ella… echada junto a los cachorros paridos por otra madre lamiendo de sus pechos te volvería a disfrutar tenso contra sus curvas, hambriento colgarte del escote como un huérfano más.
La vida en episodios, y como consecuencia: la brevedad. La inmediatez con que los minutos silabeados por el reloj eslabonan la cadena de un tiempo que se sucede como todo lo que existe sin ser notado. La estructura diaria en la que se transcurre con peligro de asesinar o morir se vive sin asistencia. Nadie lo nota.
Pero hagamos de cuenta que esta historia no fuera exactamente así, o que se pareciera vagamente a cualquier otra en la que quién la invente pudiera desbaratarla mejor que yo.