minarrativa

domingo, 5 de febrero de 2012

Sueño de una noche de verano

Me despierta una voz que con el tono de un murmullo pero a volumen altamente audible cuenta sus más oscuros padecimientos antes de conocer la palabra del misericordioso salvador. Después unas resbaladizas oraciones deslizadas hasta el amén y ¿Fin de la programación? No, estalla Sprayette.
Ésta es la parte más difícil de aceptar… Mi vecino volvió a emborracharse con el televisor prendido y yo tendré que dormirme a la par, sin oler su aliento pero con los oídos embriagados por las ofertas garantizadas que su tele pregona.
Voy al baño y hago pis con los ojos cerrados para no desvelarme más y me acuesto de nuevo. Escucho piadosos shsh, cerrarse ventanas y encender aires acondicionados. ¿Será la una? Hago coraje y miro: dos menos cuarto pasadas y ahora que abrí los ojos aprovecharía para tomarme una ranitidina ya que estoy. Me enrosco pero hace mucho calor para que cierre el ventanal, baje la persiana y ponga la almohada en los pies como la última vez. ¡Que alguien llameee yaaa y compre un silenciador mágico!
Conscientemente desvelada y decidida a salvaguardar las cuatro horas de sueño restante agudizo el oído en el silencio del edificio y hago girar con suavidad la llave de mi cerradura sin asomarme. Decidida, pongo mi camisón en manos del instinto y me dejo guiar los pasos hasta la caja generadora de luz. El instante más pleno es el de la duda, esa pequeña y gran zozobra de elegir la tecla correcta. Saber que cuanto antes mejor pero demorar… quedando atrapada por la exploración o por ese mínimo acto de transgresion. Ahora entiendo por que en las películas tardan tanto revisando algo mientras uno ruega que se vayan rápido antes de que vuelva el asesino.
Cuando veo todo ese cablerio enredado pretendo establecer la conexión con que se enlazan los afectos menos aproximados y más lejanos. En los dos casos me asombra de que funcione siempre igual.
Miro bien para que nadie llame ya mi atención. La deductiva acompaña a la lógica y ésta al dedo que baja la perilla del 00-06. Calla Sprayette. ¡Acerté! Más que alivio, alegría.
Vuelvo a mi departamento acentuando el sigilo con las puntas de los pies y sosteniendo el reintegro del merecido descanso no garantizado. Hago pis de nuevo de contenta que estoy, como los perritos. Y ni apreto el botón para no delatar con nada mi sonambulismo.
Ahora sí. A dormir sin ruidos, me vuelvo a acostar.
¿Sueño? No… Oigo a través de la pared medianera de mi patio un espacio de balbuceo puteado sin decir. En el silencio de la madrugada escucho sus pasos a ciegas despertados por el calor. Me sofoco. Lo imagino trastabillar antes de sentir el golpe de un cuerpo chocar con la mesa y desmoronarse en el piso. Sucederse los minutos, la noche, el tiempo, la oscuridad, el principio. La inmediatez de su ambiente pegado al mío buscando las velas creyendo que se cortó la luz, encender un cigarrillo. Prenderse fuego todo… ¡Basta! Me despierto de un sueño que ni llegué a dormir para oir con claridad un balbuceo sofocado que putea, nítidamente el golpe contra la mesa desparramarse en el suelo y el chic del encendedor. Huelo el olor del aire por las dudas. Después la llave en la cerradura y pasos que se arrastran en el palier. Atenta a las llamas y confiando en que la borrachera no le permitirá llegar hasta la caja de luz para accionar su perilla me voy quedando dormida oyéndolo ir y venir frente a mi puerta hasta perderse en la suya. La culpa de privarlo de ese mínimo privilegio que se procura metiéndome en la intimidad de su medidor de luz pagado a término para interrumpirle, con mi molestia, su más mísera comodidad. Me duermo vencida por el sueño hasta que tose y a cada tosida la precede un pedo. Si no fueran las seis y me tengo que levantar me daría la misma risa que da cuando lo cuento. Pero son las seis y me tengo que levantar… Malhumorada, mientras desayuno miro al grillo que cantó toda la noche. 
Cuando cruzo el palier para ir a trabajar abro la caja de luz y subo la perilla así mi vecino puede dormir la resaca confortablemente. Tan egoísta no soy.

domingo, 8 de enero de 2012


Va a venir a visitarme. Antes llama para preguntarme si voy a estar o si tengo otra cosa que hacer que le diga y viene otro día, no tiene problema. Casi que hasta mejor, confiesa, porque con semejante calor se quedaría en su casa si no fuera porque tiene que aguantar a ese otro. Entiendo que mi cuñado está cerca oyéndola y que cuando ella venga y yo le pregunte por él me dirá que aquel otro se quedó allá, de la pileta a la computadora o trabajando, como siempre.
Ni risa le da cuando la recibo contándole que su marido ha dejado de llamarse por su nombre para empezar a ser éste otro. Aunque sigue siendo el único y el mismo, ya hace tiempo que dejó de referirse a él por su nombre.
Preparo el mate y ella insiste en que no hace calor acá adentro pero yo estoy tan sofocada por la soledad de mi propio departamento que le ruego carguemos el termo hasta la plaza.
Siento pena. Al principio, no. De a ratos me enojo con su terquedad y termino sangrando dos dedos de tanto masticar las cutículas. Los escondo adentro de la mano y la transpiración salada me hace arder más. Agarro un mate y lo mancho, ve las heridas y me reta. Al ratito me pregunta por que me hago así, no entiende que me lastime sin darme cuenta.
No quiere irse de vacaciones, lo que le gustaría es no estar en su casa por unos días... Con tres se conforma. Yo quiero viajar, pero en el tiempo.
Sin llevarme el dedo a la boca y con la misma mano me arranco el pedacito de piel que quedó pendiente. La realidad ni siquiera se descuelga: estamos solas. Para burlar a mami vos elegiste un casamiento no consentido y yo la bisexualidad. Nos merecemos esta soledad que nos pasa… No por desobediencia sino porque elegimos en su contra y no a nuestro favor. 
Tampoco se lo digo.
Ella se pone a mirar el mismo perro que estoy mirando yo y se empieza a reír. Entonces la miro y me sonrío acompañándola en el gesto, para que no se quede sola con la risa ni con la desolación que nos hermana este sábado de tanto tanto calor…

( Léase a Simone de Beauvoir)



                       LA MALDICIÓN DEL SEGUNDO SEXO

¿Usted viene siempre acá? Claro, porque la primera vez que la veo aunque yo debe ser la segunda pero soy muy fisonomista. Sí, hay que esperar un ratito hasta que llegue más gente y después nos van haciendo pasar. Y que quiere que le diga, pero a estas reuniones yo vengo obligada. Y sí, porque los organizadores son conocidos, casi de la familia, y me insisten: dale Solita vení que vos sos tan carismática y convocante. Y vengo, bah… vine una o dos veces para cumplir pero a buscar pareja no. Ojo, no critico a quién lo hace pero ¿sabe cúando? Si es hombre.  Yo creo que si una mujer fuera hombre haría todo tan distinto... Eso de orinar en cualquier parte, la facilidad que tienen para todo, la soltura con que se bajan el cierre. Hasta la forma de pararse incluso, retrayendo el culo apuntan con la pelvis como si el bulto fuera un arma, creer que así nos intimidan. ¡No me asustás! me dan ganas de gritarles pero diga que una es mujer y se calla, ni mira.
¿Cómo? ¡No! No, no sé, señora, como será donde fue usted pero acá los organizadores son expertos de las relaciones humanas. Enseguida pescan todo al vuelo y a la que no se vincula no le digo que la echen pero que le hacen un vacío tan imposible de soportar para que se termine yendo sola por donde llegó, sí.
¿Usted no? Yo sí, de joven era de leer mucho porque siempre traté de superarme en la vida, diga que mi madre por vanidad o egoísmo me truncó, como quién dice, el destino que  me merecía. Error que yo no cometí pero en fin, tampoco la culpo. ¿Sabe cúando me valoró recién? El día que mi otra hermana quedó embarazada de soltera, me acuerdo que vino a visitarme y me lo contó, yo ya estaba casada, y recién ahí me agradeció la decencia. En fin, la cuestión es que…
No, nos ubican ellos. Ellos mismos con discreción nos van acomodando en cada lugar. Lógico, no nos obligan donde sentarnos pero bueno, digamos que sería mal visto si nosotras, por ejemplo, que conversamos tan amistosamente acá afuera allá adentro nos ponemos en mesas distintas. Usted quédese tranquila y hágame caso.
Le sigo contando, la cosa es que yo era de leer mucho sobre cosas serias siempre, nada de novelitas y pavadas, ojo. Así fue como un buen día  me doy con un libro tapa dura precioso en oferta, una joyita de la literatura me decía el de la librería y yo joven, ingenua, ansiosa por descubrir algo más de lo poco que sabía, no va que lo compro. ¡Aay! Me quemaba ese libro entre las manos, en el trayecto hasta mi casa me parecía que andaba descalza caminando por las brasas, que si mi esposo me lo descubría sería colgada como una bruja porque hay que reconocer que el título nomás ya era terrible. ¡Pero cuando lo empecé a leer! Todavía pienso cómo habrá sido de fuerte la indignación que sentí que de todo el libro la única parte que me acuerdo y que no se me va a borrar mientras viva es en donde decía que las nenas juegan con las muñecas porque una muñeca es el instrumento con que sustituyen al pene. ¿Qué tal? Que los varones se entretienen con su propio pitito y lo sienten como un aliado, como un amiguito, como si fuera algo que les pertenece pero que es ajeno a ellos mismos. Y que las nenas, al faltarles eso, lo compensan con una muñeca. ¡Fíjese la manipulación! Un negocio redondo para todos los saca plata de los psicoanalistas. Porque, seamos francas… ¿quién de nosotras no ha jugado de chica a la casita y a las visitas con otras nenas? Yo hasta el día de hoy, siendo una mujer honrada, me desespero por cualquier muñeca. Ahora resulta que soy perversa, ¿entonces? Mire, le soy sincera… A veces pienso que después de leer ese libro algo se me alborotó adentro, porque nunca más volví a estar tranquila. Fue una maldición. Como si Dios hubiera pensado de mí: tuve la delicadeza de hacerla mujer para que se pueda quedar en el molde y a la desgraciada se le puso entre ceja y ceja justo eso. Mentiría si le digo que por lo menos cerré las puertas de la ignorancia, lo único que supe fue cúanto desconocía. Y reconocer que la naturaleza es más imaginativa que yo misma. Cargué, ese libro, con una culpa tan grande que lo único que rogué al cielo fue tener aunque sea un solo hijo, pero varón. Para que nazca enterito, sin faltarle nada. Para que no tenga que estar buscando, como quien dice, fantasías que lo completen… como me pasaba a mí. ¡Cómo les pasaría a todas! Y fíjese si me habré castigado sola que tuve más de una y todas mujeres, digo sola porque vio que somos nosotras las que determinamos el sexo, por los cromosomas. ¿Es al revés? Puede ser, no le discuto. Para colmo todos los embarazos que aborté, que perdí eran varones. Creer o reventar, el destino nos vuelve crédulas con tal de no explotar.
Me parece que ya se puede ir pasando. Ah… llegó su amiga. Bueno, pero invítela a nuestra mesa, si debe haber lugar de sobra. Como quiera, fue un gusto entonces. No faltaba más, no se preocupe que me acomodo en cualquier otra parte. Gracias, igualmente señora. Nos vemos después en los sorteos, ¡que risa!
Perdon Monsieur… ¡ay que cómico! Ah, están reservadas. Disculpe.
Permiiso... ¿Algún lugarcito para esta pobre mujer? ¡Que gracioso! ¿Puedo? ¡Ay qué suerrte! Muchas gracias joven, gracias querida, les agradezco tanto, muy gentiles eh. Tan jóvenes entre todo este vejestorio, deben ser escritores haciendo trabajo de campo.
Bueno, en fin. Así están las cosas. Veremos entonces. ¡Uf ! me dio calor, muy fuerte la calefacción. 
Y sigue llegando gente, es que éstos por recaudar más un día le van a vender a alguno el lugar del centro de mesa. Que barbaridad, ya no saben que pavada inventar. La necesidad de sobrevivir, que se va a hacer, es así.
No señor, faltaba más tome asiento tranquilo. Sí, se ve que la mayoría son habitués pero no se preocupe que yo estoy en la misma situación que usted. Bendita la hora en que se me ocurrió acompañar a una vecina que a último momento salió con que no podía venir. Exactamente, pero vio que en estos tiempos encontrar alguien que sea de palabra es tarea complicada. Será que uno se crio bajo una educación tan estricta con la verdad. ¿Sabe qué pasa? Que hablar al cuete o como decía mi padre, largar las palabras como el burro los pedos es algo que conmigo no va.
Yo también, sí. Enviudé hace años y para ser honesta le digo que prefiero pecar de ermitaña que de cargosa. O soy poco sociable, o bien demasiado franca pero amigas lo que se dice amigas, no tengo. Algunas señoras conocidas del bingo o del barrio pero ellas en su casa y yo en la mía.
Usted pensará que soy rara y puede ser, cada cual con sus prejuicios. Yo siempre digo que no hay cosa más molesta que hablar con alguien que cada dos frases mete una muletilla ¿no sé si me entiende? O los que salen contando algo que no tiene ni pie ni cabeza con lo que se les venía diciendo, ni hablar de los que hablan ellos solos. Fíjese que yo creo que el diálogo es lo que arruina a la pareja… ¿La falta de diálogo dice usted?  Sí, si lógicamente a eso me refería y casi casi  me atrevo a decir que afecta las relaciones humanas en general. ¿O estoy equivocada? ¡Ah bueno!
¿El baño? No, ni idea. Creo que no hay.
No sé cómo salió el tema pero resulta que el otro día acompañé a mi nuera a una reunión en la escuela por las notas de los chicos. Sí, al primer embarazo lo perdí y después ese sólo hijo. Uno solito pero que vale por tres. Y hablábamos de cómo se desubica la gente, es que se ha perdido el verdadero sentido de la vergüenza y el respeto tuve que decir casi gritando y con un golpe en el pupitre porque entre las madres y la maestra ni me escuchaban, siendo que uno cuenta con la autoridad que nos dan los años ¿o no?
Si es una urgencia vaya pero yo en su lugar lo pensaría dos veces antes de levantarme de la mesa… ¡No le digo! ¡Ahí vienen los mozos sirviendo!
Esperemos que esto no me caiga pesado, yo que tengo los intestinos tan delicados. Porque los intestinos, no sé si sabe, tienen una vellosidad por dentro, bueno los míos no, quedaron pelados así como tengo los brazos todo, ni un pelo. Dieciséis años. Tifus. Ya me daban por muerta, no hay esperanza decían los mismos médicos, ni un milagro la salvaría. ¡Y si se morían todos! Mi madre, no la culpo eh, pero lo único que hacía era llorar. Me dijeron. No sé.
El que agarró el caballo y recorrió a puro galope todas las partes habidas y por haber buscando los remedios era mi papá. Cuando llegó con el último medicamento, los doctores de los más altos cargos le dijeron: “usted ha conseguido lo que nadie logra, si se salva, nunca sabremos si fue el medicamento o su gran amor. Ahora hay que esperar veinticuatro horas”. Era porque la enfermedad daba toda la vuelta, el termómetro tenía que marcar el máximo y volver a empezar. Efectivamente, a la mañana siguiente me desperté con 36 grados y 36 kilos... no haber hecho una redoblona.
Yo no me acordaba nada de todo lo que me contaron que había desvariado en los cuarenta días pero esa enfermedad me jodió para todo el viaje. Me quemó los órganos, me acortó el crecimiento, el desarrollo íntimo incluso… No sé si entiende. No sé explicarlo bien pero siempre pensé algo y cada vez estoy más convencida. Yo siento que me quedé para toda la vida en ese estado de ensoñación de los dieciséis años, como si lo que se hubiera salvado de la enfermedad y creció, se casó y engendró los hijos convirtiéndose en una verdadera mujer fuera sólo una parte mía pero hubo otra que quedó desvariando en esa fiebre sin poder salvarse. Sin morirse y sin poder vivir.
Bueno vaya vaya tranquilo al baño que yo vigilo que el mozo le deje su casata y mientras charlo con el muchacho aunque parece que ya encontró compañía. ¿O me equivoco?
La humedad me ha puesto el pelo a la miseria y este clima para colmo que no ayuda. Un horror, son las cinco de la tarde y ya casi de noche. Bah… será que yo aborrezco el invierno, y esta llovizna, esa garúa finiiita. Vaya uno a saber ¿no? ¡Pero! Si hasta me dio un chucho de frío ahora. Tanto calor que hacía al principio. Habrán apagado la calefacción estos tranfugas con tal de ahorrar, que barbaridad.
Disculpe que interrumpa la charla pero me preocupa el señor que estaba sentado aquí… no por mí, pero se le está derritiendo todo el helado.
¡Mozo! ¿Sería tan amable de fijarse si en el baño de caballeros hay alguien descompuesto?  
No noo… ¿Cómo que le hice servir los platos de mi compañero y nunca nadie los tocó? Yo no le niego que apenas si picoteó la entrada pero entienda que a un señor elegante como es él no le van hacer pasar paleta por jamón cocido. Mire, no se burle de mí porque yo a usted no le falto el respeto. Si no hay ningún abrigo en el respaldo de la silla será porque es friolento o porque ustedes no son capaces ni siquiera de mantener un clima adecuado a la circunstancia.  
Es de gusto. Esta gente no está sola porque enviudó o por tener un carácter difícil, es porque están locos.
Y después de todo, hasta el mozo… ¡pobre muchacho! Se vende por unos pesos que le untarán estas desgraciadas cuando llega una rival competente para que la haga pasar por chiflada. Así como a mí me dicen que le hablé todo el tiempo a una silla vacía a otra estúpida le dirán que repitió cinco veces el mismo plato.
Una pena perderse el brindis este señor y yo no ganarme un enredo con su antebrazo, ese codo impecable con el traje italiano, tan suavecita la tela cuando me rozaba la mano disculpándose. Pienso en esto, me acuerdo de cada cosa con tanta pena pero ya ni lo digo, igual sonrío.
Los miro correr las sillas para ponerse a bailar y empiezo a tener esa misma sensación de cuando estoy en casa sentada en la cocina. Me quedo quieta y miro fijo algo que es nada. Así pasaría horas, días o lo que me queda de vida. Es como si el alma se me fuera por un rato del cuerpo sin morirme. Como un anticipo del descanso eterno, porque junto con el alma se me van los deseos y las nostalgias… hasta las manías incluso. Ni ganas de hacer cartel me dan. No es que pierda la noción de las cosas pero todo me importa menos o nada, como ahora. Lo que más me alivia es que no me importe.
Sorbo con cucharita la casata derretida mientras los otros solos ya se empiezan a ir cada uno del brazo de la otra media naranja podrida que les cayó en gracia.    
Y yo con tanta falta de todo y ningún deseo de nada… pero a lo mejor es porque es domingo o porque ya se termina y sigue lloviznando.
Desde el fondo a la derecha un señor se encamina hasta donde estoy sentada pero no me puedo poner contenta porque ya sé que tampoco él me haría feliz.

sábado, 7 de enero de 2012

viernes, 30 de diciembre de 2011


El instante previo a la ausencia no es la despedida, aún cuando ésta tiene lugar para consumarse como tal, sino la manifestación de los bordes limitando la exageración y delineando el escarmiento antes de que se instale la insistencia… Porque el final también tiene principio al principio aunque se lo postergue eternizándolo como presente. Uno sabe. De una u otra manera nos damos cuenta: o solos o por el silencio con que el entorno enluta nuestros comentarios. A veces, incluso, acobardándonos ya desde antes por el cansancio repetido al tratar de imaginar un diálogo nuevo.
Que la ruptura se gestó es un hecho pero el nacimiento del hecho concluido es una ruptura que nos parte o de la que partimos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

Truco... ¡Quiero!


Juéguele una vuelta fayuta
al figurín enmarcado que le vendieron
y trampéeme con maña
hasta cruzar
el derecho del revés,
que si me gana la mano...
me rindo
(sin enagüa ni botones).
Para que tenga tutela su descarrío
y consuelo mi deshonra.
A ver si me rescata de este luto
sin muerte,
usted calle la declaración 
y yo me olvido de la ceremonia.
Ni se calce el juicio
ni merodee en el rezongo
que prefiero
a la miseria, el derroche.
¿Por qué?
de una vez por todas
no me ensambla 
con sus clavijas las caderas,
si, aún, soy hembra sin cría ni montura.
Y sabe...
le puedo coser los tajos de cada herida
y alternarle
un comodín en cada jugada
hasta aficionar
un mano a mano
que le acomode el siete 
de toda la manada.
Mídase la horma
y hostígueme hasta amoldarla,
pero vea 
que no llevo baratijas
aunque
yo, por usted, me quito hasta las hebillas
con que me premiaron 
en otras barajadas.
Ya sabe que quiero
besuqueo, mentira y jugada.
Si me llena la (copa)
le vacío la (botella)
pero si embriaga el bostezo
y se empeña
en la conquista
puede perderse
hasta la partida...


                (2007)