minarrativa

domingo, 3 de junio de 2012

ABREviado


Tener pocos años y la noción imprecisa de ser la tercera y última excusa que mi madre concibió con tal de postergarse, de mantener ocupado por la inocencia el lugar donde debía caber el deseo. Percibir el sueño en el que se aliviana con mi incapacidad salvándola y dormirme castigada con la tristeza, con toda la soledad de mi padre cubriendo el espacio que le estoy quitando. Saberme pretexto y castigo. Crecer con la conciencia de que los secretos más inconfesables se acunan entre las piernas y de noche, en un espacio oscuro que no se mira ni se toca. Pero duele. Y se toca. Tocarse duele. Pongo un espejo entre los muslos para verlo, fijarme si encuentro un escondite en donde estén a salvo el miedo, la astucia, la causa y la significación, toda la implicancia de lo no dicho. Un lugar en el que quepa la ignorancia, el entendimiento o la compensación de una sabiduría que se escapa por los bordes de la bombacha y de la conciencia. Desdoblar los pliegues antes de que me los planchen aunque después se arruguen. Cuando abro ese espacio ando a tientas porque me ciega tanta luz.