Parecida a mami no soy, habré salido parecida en esa foto ese ratito. Cuando subo al ascensor miro mi imagen triplicada en los espejos y me descubro desde ángulos desconocidos, mis codos sí se parecen a los suyos y ese reconocimiento tiene un algo que no admito, que tuerzo, que cierro con las doble puertas del ascensor cuando lo cierro. Entro, el departamento nuevo que alquilé es apto, es recontra presentable, la luminosidad que me invade cuando entro pone en jaque mi oscuridad, la vuelve mas visible, mas texturada. Ya entro, pensando, que igual este departamento no me podrá salvar de la tragedia. Hago amm... con el sonido que hace ese gesto, los dos dientes de arriba apoyados sobre el labio inferior, porque el dramatismo exagerado aunque sea propio siempre da risa, a mí me da risa. Aunque en el momento me parezca que siento cosas terribles, que mi percepción es visceral, desgarradora, acertada. Que no puedo ser consciente de nociones que deberían quedar en lo onírico, como mucho. Pero no. Yo las siento, las toco, las sé. Como mami cuando volvimos de firmar en la inmobiliaria y la llevé hasta su casa, se quitó la ropa y recostada en la cama me dijo que esa gente habrá pensado que era tonta. Esa gente habrá pensado que soy tonta, y yo no mami que decís si estuviste re bien. Yo sosteniendo, soplando hasta quedar sin aire su histrionismo arrugado. Encontrarme buscando, desesperadamente, engrandecerla con algo que acredite mi cariño porque si no no se puede explicar que la quiera tanto, porque entonces ese amor me vuelve a mí, turbia. Hay dos balcones y ventilación cruzada. Las caraterísticas opuestas a mi personalidad fueron las causantes de elegirlo ¿Son opuestas? Es la primera casa en la que elijo vivir, todas las anteriores fueron consecuencias derivadas de decisiones anteriores que tomé. Aunque yo siempre me habito, es un hábito habitarme. Me vivo, me ando, meo el espacio que soy y lo marco, lo imprimo, lo sello con mi yo. Me sé.
El parecido con mami, la foto, es un punto neurálgico, una vivencia que toco y salgo. Salir disparada huyendo de ella pero quedarme de por vida cerca suyo, retratada. Fuerzas antagónicas que me pueden, que puedo y no puedo, un tire y afloje constante. Quererla por de más, no dar más de tanto quererla pero ser desobediente, romper fila, irme, salir a resistir, y resistir. Como aguantar debajo del agua sin respirar. Traicionarla. No votarle en contra pero meter el voto, roto. Para mi mami se parece a Evita, siempre a favor de los desamparados y los pobres pero en el fondo tan egocéntrica, tan única, tan ella. Cuando vivimos en Jujuy una vez una coya me quiso amamantar, yo tendría tres años aunque si me acuerdo habré tenido cuatro, y era muy flaquita, nunca quería comer, mami hacía cosas espantosas para convencerme hasta que terminaba vomitando la comida que me metía en la boca, cuando la mujer se bajó el escote y vi el pezón enorme y oscuro como la boca de un lobo salí corriendo y mami me abarajó en la galería antes del patio y me dijo que era una desagradecida, porque si ella no me pudo amamantar no era su culpa, pero que si yo rechazaba el gesto noble de esa mujer no tenía perdón. Nuestra casa era un desfiladero de madres sufrientes con niños asustados, ella les curaba la ojeadura durante tres días seguidos con un plato de agua y aceite, yo a veces cuando se iban o antes de que lleguen levantaba la servilleta que cubría el plato para ver si las aureolas oleosas se habían agrandado de verdad, una vez papi me vio, me agarró de la mano y me llevó a la plaza, mientras caminábamos me explicó la razón científica de dicho fenómeno y aunque no entendí me sentí más contenta. Después me hamacó. Hay dos cosas que nadie, nunca, hizo mejor que mi padre, una fue hamacarme, porque por alguna razón él conocía el ángulo exacto donde el éxtasis se convertía en vértigo, la otra era conducirme, la adaptabilidad de su mano al tomar la mía, con contención y respiro. A tu madre hay que dejarle hacer estas cosas porque si no es peor. Y yo ya sabía, ya había empezado a darme cuenta.
Mami es una mujer ¿como decir? necesitada que ayuda, que cubre sus incapacidades con la dádiva ofrecida. Da para sentirse poderosa. Ella siempre dice que si va a una casa y le sirven mate cocido en un jarro lo toma cómoda porque no es agrandada, entonces yo le digo que ella lo que tiene es complejo de inferioridad porque si le sirvieran champagne en una copa de cristal no lo puede tomar.
Una noche me estaba cambiando para ir a bailar y tocaron el timbre, papi atendió por el portero y me dijo que una tal Mirian pregunta por tu madre, ¿vos sabés algo? No, decile que está en el bingo. ¿No querés bajar vos? A mami ya la casa, nosotras como hijas, su vida conyugal se le caía en la cabeza pero ella seguía posibilitando a los otros mientras nuestro hogar era un rasti multicolor de policial negro. Me terminé de cambiar y bajé, la chica era increíblemente pequeña en su físico y tenía un nene chiquito de la mano, caminamos por Juan Manuel de Rosas y en Pellegrini, mientras me esperaba que tome un taxi le hizo upa. Me acuerdo que en un momento ella se dio vuelta para mirar en el sentido en el que venían los autos y entonces vi a su hijo dormido sobre su hombro y no fue lástima lo que me dio, quizás haya sido empatía pero yo creí que era envidia de tener una madre con un hombro en el que dormirse con tanta confianza. Mirian volvio y empezó a venir con cierta frecuencia, a papi le llamaba la atención que una mujer tan chiquita pudiera ser capaz de engendrar y parir, sobre todo de parir, cada vez que se refería a ella como una pigmea, mami le decía que no sea descalificador. Mirian algunas noches ejercía la prostitución, nos dejaba a su hijo y mami lo cuidaba sin enjuiciar su actividad, un día le confesó que quería darlo en adopción porque en ninguna casa la aceptaban como doméstica cama adentro con el crío porque era demasiado revoltoso. Parece ser que es medio pavotito nos dijo mami a nosotros, pero a ella le dijo que era libre de hacer lo que quisiera y que tenía su apoyo tomara la decisión que fuese. Como nunca más apareció por casa todos dimos por sentado que lo habría abandonado en un orfanato hasta que una tarde, un par de años después, por la ventanilla de un colectivo, la vi... con una panza a punto de explotar y con el nene de la mano, más grande, con cara de loquito.
Las personas que vivieron en familias detestables pero normales a lo mejor no entienden que se puede querer desesperadamente a alguien que nos quebró, O a quien traicionó nuestra primera confianza. Por eso a mi ponerme en el lugar del otro no me cuesta, porque vivir así a uno lo hace crecer con una amplitud de conciencia impresionante, o porque yo también soy medio agrandada, de creerme más porque en realidad me siento menos.
No puede darle un cierre al relato, recorro el departamento nuevo. Hace veinte años que partí de la casa materna y todavía siento que el desgarro definitivo no se rompe, que la responsabilidad de pararme sola no me sostiene del todo, que escribir de mami me alimenta aunque la vomite. Que llamarla por telefóno, llegar hasta su casa es un desafio que postergo y que cuando la llamo, llego y la veo... me quedo más tiempo del que ella necesita, materializando el abrazo. Le doy uno, dos besos, siento que le estoy pidiendo perdón por necesitarla tanto y busco irme rápido para no incomodarla más. Por esa la escribo así. Es por eso. Porque los años pasan y ella envejece y yo maduro y entiendo, sé que tengo que atravesarla y salir. Salvarme, sacar la cabeza y respirar afuera del agua, el aire. Pero me parece que si pego ese salto la rompo, la desgarro, la destituyo, que en semejante movimiento su cetro quedará perdido, pulverizado. Me imagino que es como en esas películas de ciencia ficción donde se combate al malo y el enemigo termina indefenso, desargumentado, me levanto y empiezo a andar abriéndome paso entre las telarañas del tiempo y antes de salir y irme miro atrás y veo la panza vacía de mami, el espacio suyo sin mí. Soy una desagradecida, me avergüenza la imagen grotesca que aparece de ella, como una muñeca desinflada, una mujer enorme y sin alma. Pienso y pienso en su muerte, me preparo como si fuese el diluvio universal y yo una bestia, o una sobreviviente de Sodoma y Gomorra. Me da terror su oscuridad definitiva, mi luminosidad propia. No es vergüenza, es miedo de brillar, ser mi propia antorcha y mi faro.
(borrador sujeto a cambios)