minarrativa

viernes, 30 de diciembre de 2011


El instante previo a la ausencia no es la despedida, aún cuando ésta tiene lugar para consumarse como tal, sino la manifestación de los bordes limitando la exageración y delineando el escarmiento antes de que se instale la insistencia… Porque el final también tiene principio al principio aunque se lo postergue eternizándolo como presente. Uno sabe. De una u otra manera nos damos cuenta: o solos o por el silencio con que el entorno enluta nuestros comentarios. A veces, incluso, acobardándonos ya desde antes por el cansancio repetido al tratar de imaginar un diálogo nuevo.
Que la ruptura se gestó es un hecho pero el nacimiento del hecho concluido es una ruptura que nos parte o de la que partimos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

Truco... ¡Quiero!


Juéguele una vuelta fayuta
al figurín enmarcado que le vendieron
y trampéeme con maña
hasta cruzar
el derecho del revés,
que si me gana la mano...
me rindo
(sin enagüa ni botones).
Para que tenga tutela su descarrío
y consuelo mi deshonra.
A ver si me rescata de este luto
sin muerte,
usted calle la declaración 
y yo me olvido de la ceremonia.
Ni se calce el juicio
ni merodee en el rezongo
que prefiero
a la miseria, el derroche.
¿Por qué?
de una vez por todas
no me ensambla 
con sus clavijas las caderas,
si, aún, soy hembra sin cría ni montura.
Y sabe...
le puedo coser los tajos de cada herida
y alternarle
un comodín en cada jugada
hasta aficionar
un mano a mano
que le acomode el siete 
de toda la manada.
Mídase la horma
y hostígueme hasta amoldarla,
pero vea 
que no llevo baratijas
aunque
yo, por usted, me quito hasta las hebillas
con que me premiaron 
en otras barajadas.
Ya sabe que quiero
besuqueo, mentira y jugada.
Si me llena la (copa)
le vacío la (botella)
pero si embriaga el bostezo
y se empeña
en la conquista
puede perderse
hasta la partida...


                (2007)

viernes, 9 de diciembre de 2011

CARTA DE AMOR

 Mi querida Elvira:

                             Si bien nunca abandoné tu recuerdo no es el motivo que me impulsa a escribirte. Ni siquiera es un impulso. Todo en mi vida ha sido meticulosamente hilvanado antes del pespunte. Sin embargo, a la determinación de no vernos más la zurció mi madre… Nosotras apenas pudimos esconder en el dobladillo la promesa de retomar el amor en cuanto ella dejara de interferir. Un tiempo después reconvenimos con criterio más adulto que sabrías de su deceso sea el momento que sea bajo y las circunstancias en las que nos hallemos. Y ése fue nuestro pacto.

                                Acaba de fallecer. De muerte natural a los ochenta y dos años de edad.

No creas que perdí la cordura ni la cronología de nuestras existencias. Aunque no asistí ni desde lejos a tu boda me las ingenié para verte portar tu vientre lleno, redondeado tres veces por él.

Pudiendo tomar el tren directo a la capital hacía trasbordo en nueve de julio sólo para apostarme frente a tu esposo, saludarlo y que su comentario me lleve hasta tus oídos. Le miraba las manos sin gesto poner el sello y extenderme el boleto con la diestra. En el anular izquierdo relucía vuestra alianza. En algún momento, como todo, se hizo costumbre hasta que dejé de verlo y supe que cortaban los ramales ferroviarios. El destino de traslado estaba fuera de mis horizontes. Entonces sólo rogué dos cosas… que tú piel sobreviva a la ferocidad del sol norteño y volver a verte una vez más, en este orden.

Pasaron más de cuarenta años y la proximidad que alguna vez compartimos fue disuelta por la distancia y desargumentada por el fundamento pero… era preciso desdoblar el molde y dar la puntada final para lucir el atuendo como corresponde  o guardarlo de por vida en el ropero.
                Tu amiga Emilse.





El tiempo que transcurrió desde su última estadia hasta la sucesiva ausencia no podía ser precisada con la misma cronología de los urbanismos porque era un espacio individual, más sensitivo que existente. Carente de sentido y a la vez tan imprescindible como el romance entre el dedo gordo y el paladar. O como una brecha tornasol primero, y después más parecido al espacio que hay en la vulva de una mujer que ya parió un amor.
En sí, la distancia recorrida con la misma brevedad pero diferente urgencia.
Por eso. Por lo que haya sido... él no tardó en volver lo que duró la demora ni mi espera. Yo acusé recibo pero sin fechar la decepción por lo que no quedaron registros que invaliden ni atestigüen el origen de la falta.
Yo quería que vuelva durante la siesta o a la nochecita, mejor de día pero si fuera de madrugada igual. Que vuelva antes de que se seque la ropa y terminen las vacaciones. Para que me encuentre acalorada, suelta y amplia, y para que me encuentre. Me bese el ardor de la lengua, la quemazón en los dedos de tanto escribirle.
Más que nada... que vuelva para festejarme las acrobacias literarias.

(escrito entre fines de 2006 y comienzo de 2007, creo...)

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Y? ... ¿


Y YO?

En una de las primeras charlas, mientras nos despedíamos y antes de que cortara me animé a insinuárselo pero en términos más suyos que míos, como si hubiera sido una ocurrencia casual y con el margen chistoso necesario donde poner, por las dudas, su ¿fastidio? ¿descreimiento? Nunca supe como hablarle.
Estudiante de Letras y para colmo rubia, saqué como pude lo poco que tenía: el año de taller literario cursado como excusa para conseguir novia.
Me esforzaba tanto en parecer lo que no era para convencerla de que estaba hecho a su medida, que le hablaba como nunca lo hubiera hecho o como si yo fuera como ella… La imitaba repitiendo lo que le escuchaba decir y usaba sus mismas palabras para persuadirla pero mi deseo impostergable y genuino daba de bruces con su negativa perturbación. ¿No? Perturbada negatividad. ¿Cómo vendría a ser, entonces? Pero se reía y yo… peor, más verseaba.   

Aquella noche en que bebía de su cuerpo, borracha mi lengua de tan fatigosa belleza donde perdiera mi desvarío la razón y le suplicara con el desconsuelo anhelante, primitivo de que justifique el deseo como tal y lo calme.

-         ¿Qué decís?
-         Que te toqués sola, mi amor… y yo te miro, por favor.
-         Es que a vos no te va a excitar como lo hago y para mí sería tan vergonzoso como si me vieras cagar.
Me quedé mudo. Y ella, como pensando un ratito con los codos apoyados sobre la cama, después me miró y me dijo dos cosas más: que todas las mujeres se masturban pero que ninguna lo hace como en las pornos.
Por eso, me acuerdo que le dije. Tal cuál como me salio y de la única forma en que se dicen esas cosas, sin palabras (por suerte). Y porque ya no daba más y ella me gustaba tanto que me quería quedar no sólo con  la desnudez y el intercambio sino con algo de su intimidad también.
Entonces apoyó de nuevo el cuerpo sobre la cama, la cara en la almohada y se puso a mirar un punto de la habitación. De esa manera imprecisa pero clara me dejó absolutamente afuera de una escena que era suya. Primero me dio bronca pero me calenté igual apenas la sábana evidenció su desnudez tras el movimiento rítmico y circular de las caderas. Apareció la marca difusa del último bronceado, los bordes de la bombacha enredada entre los muslos.
Había acomodado una mano entre las piernas y adiestraba el tiempo con roces medidos, superficiales, intermitentes primero y después menos calculados, cada vez más intensos y sostenidos. Empecé a sentir el ruido mojado que hacía la piel al salir de su hueco y adiviné el olor y el resto. Me fijé que la otra mano cabalgó por un rato sobre una de las nalgas pero no se pegó el chirlo que yo esperaba ni se dio vuelta para que le pudiera ver bien los dedos pegajosos metidos entre los labios, gemir, mirarme. Nada, siguió siempre así, de espaldas. Sin ofrecerme ni censurando, me convirtió en el espectador de un acto privado.
Excluido y ridículo mirándola coger con ella misma o con alguien que su fantasía plasmaba entre su cuerpo y mi cama. Por el quiebre entendí el gesto como conclusión y por los breves segundos que duró la inmovilidad hasta que las plantas de los pies volvieron a tensarse y recomenzó el oleaje que mojó de nuevo todo otra vez. El arco imperceptible de su espalda y el grito disimulado de voz… Como si fuera la queja aniñada de una criatura, ese sonido tan parecido que emiten los gatos y los bebés.

PELIGRO: doble sentido

 
Mientras ella agradece extendiendo el vuelto y el ticket, él le pregunta de algún hotel por acá cerca y ella le dice que bueno… está el Savoy a dos cuadras que es excelente, típicamente europeo o si prefiere otro cinco estrellas más moderno, ambientación más lineal el Rostower no está lejos tampoco pero él le larga una carcajada al mismo tiempo que aclara que el hotel es para él, no para el auto. Entonces la timidez de ella le insinúa que no entiende y él abrevia de alguna manera que baje los ojos de las ruedas porque la cuatro por cuatro es del laburo pero el viático no cubre el hospedaje y se lo tiene que garpar solo. Al disculparse el tipo aprovecha y le pide si por favor lo ayuda para salir porque tiene miedo de tocar el BMW que está al lado pero como ella se queda callada le vuelve a decir que solamente le vaya indicando y se fije porque le parece que el giro no le va a dar. Y a ella que la coherencia tampoco le dá para negarse por vergüenza, porque él preguntaría ¿vergüenza de que? y ella le tendría que hacer saber que auxiliar con indicaciones ese tipo de maniobras automovilísticas le hace sentir o pensar que está impartiendo instrucciones sexuales a un acompañante ocasional.
Le cobra a la señora que espera su turno mientras le hace gracias al bebé que tiene en brazos y pierde tiempo buscando el cambio que insistió en darle porque “hasta monedas me sobran con la escasez que hay”.
Pero el tipo acomodado detrás del volante la sigue esperando así que a ella no le queda más opción que abandonar la registradora y caminar hasta pararse a unos pocos pasos frente al parabrisas. El vehículo gatea unos centímetros y ella le indica que avance, los polarizados se bajan y la sonrisa de él pregunta si puede, entonces al gesto de su mano ella suma la afirmación verbalizada. Le pide que siga un poco más y él cuestiona la certeza por el peligro de la proximidad, ella le asegura el sí confirmándole el avance y lo incita hasta convencerlo que le dé un poco más. Y él, más miedoso que asombrado se frena, pero el índice de ella traza círculos lentos en el aire y sus labios le recomiendan que se venga apenas un poquito a la izquierda. Él sugiere que esté atenta si atrás roza algo y ella le asegura, le exige que siga y siga. Por eso, a él que sólo le quedaría recordarle que le avise hasta cuando lo detiene el grito de ella para que pare y después de nuevo, apenas, pero despacio.
Más que él mismo, es su ánimo quien le confiesa que lo está haciendo transpirar. Ella le avisa que listo, ya está. El ánimo de él pregunta si ya sale y cuando el gesto mudo de ella asiente él que le agradece… y que el favor… y qué que te debo… Y ella que no es nada… que de nada.
Pero dos pasos más y le cae la voz de él que con un susurro plasma su vergüenza en palabras al decirle que ni que le hubiera pedido que lo guíe para saber como cogerla.      

Creer (sin fe)


Tome asiento. Soy el señor J, le ruego que preste atención y escuche sin interrumpir. Después me dirá con franqueza si se siente capacitado para hacer el trabajo; si es o no la persona correcta para colarse una vez por semana como uno más.
Que no sea muy versado en cuestiones literarias no es impedimento porque yo mismo, llegado el caso, le proveeré del material necesario.
Tome nota. Lleve lápiz y papel pero no escriba. Observe. Mire sin que le vean.
No es necesario que fume pero tenga cigarrillos, encendedor también pero no se distraiga si le pide fuego.
Sepa algo... si lo convoco a usted es porque reconozco su habilidad pero sobre todo porque entiendo que hay asuntos que deben ser delegados.



Pase que le cuento le diré al señor J cuando golpee la puerta dentro de unos minutos.
Pero cuando esté dentro y acomodado frente a mi aguardando la narrativa de lo acontecido ¿Cómo le licuo la historia para que se la beba sin chistar? O por el contrario ¿Cuanto condensarla para que se acabe de una vez el mal trago?
Nunca ningún cliente se ha sentido satisfecho al declararle que sus sospechas no fueron infundadas por una frondosa imaginación sino por la virtud de saber vislumbrar con sobriedad la llama maldita que ondea el aire como una danza macabra.
No. Ninguno ha podido oír sin pestañear el veredicto de la traición consumada.
Este buen hombre, don J que también llegó impulsado por el anhelo de encontrar quien le rebata con fehacientes evidencias su convicción inequívoca tampoco permanecerá inmutable cuando lea lo que escribe a quién me mandó a espiar una vez por semana.

¿ASISTENCIA SOCIAL?

          -No estés nerviosa, estamos aquí para ayudarte

          -Exacto, mi nombre es Mariana yo soy la psicóloga auxiliar y ella es Agostina

-Así es… Hola, soy Agostina y bueno nada estoy aquí haciendo una pasantía porque estudio asistencia social

-Candela ¿nos decís tu nombre?

-¿Tenés hermanitos?

-Sos muy valiente ¿sabías eso?

-Mirá, es muy importante que no nos mientas para poder salir adelante y con nuestra ayuda lo vas a lograr

-Sí… yo de verdad creo que sí

-¡Obvio! Sin mentiras, sin falsedad vas a poder lograr cada cosa que te propongas en la vida ¿ok?

-Lo primero que tenés que entender es indispensable: vos no sos culpable de lo que te hicieron, sos una víctima ¿estamos?

-Es así, nosotras entendemos lo difícil que te resulta hablar de eso pero sabé que tampoco para nosotras esto es gratuito

-Claro, dejanos ayudarte Cande

-Estamos absolutamente involucradas con tu malestar. Mirá… no sabemos si lo estamos haciendo bien pero lo hacemos poniendo lo mejor

-Confiá en nosotras así como nosotras confiamos en vos

-A ver mirame

-Tenés unos ojos divinos Cande

-¡Y que hermosas ojotas che! Súper cancheras, yo tengo unas así re parecidas pero son hawaianas

-Hagamos un trato… si nos contás lo que te pasó Maru te las regala

-¿Te dá vergüenza que estemos las dos?

-¿Querés que se vaya Agos?

-Madrecita… si vos colaborás es mucho más fácil

-Y más rápido, enseguida se termina todo

-No tenés que tener miedo

-Estamos nosotras, estamos con vos

-Te queremos ayudar, te queremos

-Queremos que estés bien

-Que esto que te pasó a vos no le vuelva a pasar a ningún otro chico

-Que no haya más Candelas ¿Entendés?

-Vamos a pelearla, vamos a exigir que se haga justicia

-Por vos, porque siempre vale la pena intentarlo

-No tenés que tener más miedo porque ya nadie más puede lastimarte

-Estamos nosotras para eso

-Y entendemos tan bien por lo que estás pasando

-¿Y sabés por qué? Porque nos involucramos con tu problemática y nos importa lo que sentís no sé, que se yo… lo que deseas, lo que querés, lo que soñás

-Tenemos tu mismas necesidades, creénos que sí

-Porque nosotras también hemos sido víctimas de algo en algún momento

-Tu entorno no nos es ajeno, Cande ¿No nos vas a ayudar?

-Candela, te estamos pidiendo ayuda

-Te necesitamos, necesitamos de vos. Nosotras estamos necesitando de vos ¿Sabés lo que significa eso?

-Sos necesaria ¿entendés? Sos útil

-Nadie te va a obligar a hacer lo que no quieras

-Tu cuerpo es tuyo, Cande… así como lo son tus pensamientos

-Nadie pero nadie, Cande… tiene derecho a manipularte

-Eso se llama abuso

-Y es punible

-Para eso estamos nosotras

-Contanos lo que te hicieron no tengas verguenza

-Decime a mí mientras Maru busca los lápices para que dibujes algo

-Mejor hacemos una cosa… Ahora Agos te va a llevar con la doctora para que te revise

-Mirá que lindos colores Cande, son tuyos te los regalo

-Y despues volvemos y nos hacés un regio dibujo ¿qué te parece?

-Candela… tenés un nombre precioso.