El instante previo a la
ausencia no es la despedida, aún cuando ésta tiene lugar para consumarse como
tal, sino la manifestación de los bordes limitando la exageración y delineando
el escarmiento antes de que se instale la insistencia… Porque el final también
tiene principio al principio aunque se lo postergue eternizándolo como
presente. Uno sabe. De una u otra manera nos damos cuenta: o solos o por el
silencio con que el entorno enluta nuestros comentarios. A veces, incluso, acobardándonos
ya desde antes por el cansancio repetido al tratar de imaginar un diálogo
nuevo.
Que la ruptura se gestó es un
hecho pero el nacimiento del hecho concluido es una ruptura que nos parte o de
la que partimos.